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8 de octubre de 2025

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En las escuelas infantiles Brightkids Arenales creemos que aprender jugando no solo es posible, sino esencial. Cada día, nuestras aulas se llenan de curiosidad, descubrimiento y pequeñas conquistas que ayudan a los niños a crecer felices y seguros.

🌿 Una mirada Montessori desde los primeros años

La metodología Montessori parte de una idea sencilla y profunda: el niño aprende a través de la experiencia. Por eso, los materiales, el entorno y las rutinas están pensados para fomentar su autonomía y su deseo natural de explorar.

En la clase de 1 año, nuestros pequeños han trabajado con materiales sensoriales como la torre rosa, que desarrolla la percepción del tamaño, el peso y el volumen. También han disfrutado de actividades inspiradas en la naturaleza, descubriendo los colores y texturas del otoño a través de hojas secas, piñas y otros elementos naturales. Estas experiencias sensoriales son el primer paso hacia un pensamiento lógico y creativo.

🧠 Despertando la lógica y el pensamiento crítico

A medida que crecen, nuestros alumnos se enfrentan a nuevos retos adaptados a su etapa. Los juegos de lógica matemática les ayudan a desarrollar la concentración, el pensamiento crítico y la capacidad para resolver problemas… todo ello mientras se divierten y disfrutan aprendiendo.

Cada pieza es un mundo y cada juego, una aventura. Al combinar el juego libre con actividades guiadas, los niños aprenden sin darse cuenta a razonar, clasificar y tomar decisiones.

💛 Autonomía paso a paso

En las clases de 2 años, la autonomía se convierte en protagonista. Colgar la mochila, comer solos o ir en fila son pequeños grandes logros que fortalecen la confianza y la autoestima.

Estas rutinas cotidianas, inspiradas también en el enfoque Montessori, enseñan a los niños a ser responsables de sí mismos y a convivir con los demás con respeto y orden.

🍁 Aprender con los sentidos, aprender con el corazón

El método Montessori no solo enseña conceptos: enseña a mirar el mundo con atención y asombro. Cada actividad sensorial —desde tocar una hoja hasta apilar cubos o clasificar objetos— despierta la curiosidad natural de los niños y convierte cada día en una oportunidad de aprendizaje.

En Brightkids, todo esto se traduce en un ambiente donde se respira calma, respeto y alegría por aprender. Los niños experimentan, se equivocan, prueban de nuevo… y en ese proceso descubren su propio camino.

✨ Porque en Brightkids Arenales, aprender no solo se hace… ¡se siente!

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29 de septiembre de 2025

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Desde los primeros años de vida, los niños aprenden observando, imitando y confiando. Sembrar en ellos la fe significa abrirles la puerta a una amistad con Dios que los acompañará siempre.

El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2226) lo expresa con claridad:

Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos en la fe, en la oración y en todas las virtudes.

Lo que los pequeños viven en esta etapa queda grabado en su corazón como algo natural: rezar será para ellos tan sencillo como hablar con papá o mamá.

🌟 ¿Por qué es bueno enseñar a rezar desde pequeños?

Muchos padres se preguntan si conviene hablar de Dios a sus hijos tan pronto, o si no sería mejor esperar a que ellos decidan cuando sean mayores. La Iglesia, con mucha sabiduría, recuerda que transmitir la fe no es imponer, sino regalar.

1. Un regalo de amor

Los padres siempre desean lo mejor para sus hijos: salud, educación, oportunidades… ¿y qué mayor regalo que la fe, que ilumina la vida entera y da esperanza en los momentos difíciles?

El Papa Francisco lo recuerda en Amoris Laetitia (n. 287):

La transmisión de la fe supone que los padres introduzcan a los hijos en la experiencia de la oración y los familiaricen con la vida de la Iglesia.

2. Sembrar confianza y alegría

Mostrar que Dios es un Padre bueno, enseñar que nunca estamos solos, transmitir paz con un gesto sencillo… son semillas que llenan de seguridad el corazón del niño. La señal de la cruz, una canción o un beso a la Virgen hablan más que mil palabras.

3. Una herencia que dura siempre

Los padres transmiten valores, recuerdos y tradiciones familiares. La fe forma parte de esa herencia que deja una huella profunda. Como decía san Juan Pablo II:

La infancia es el tiempo privilegiado para aprender a abrirse con confianza a Dios.

4. El mejor acompañamiento para la vida

Educar en la fe no limita la libertad, sino que abre horizontes más grandes. Enseña a caminar de la mano de Dios en cada etapa de la vida.

San Josemaría Escrivá lo recordaba con ternura:

Sois el mejor medio del que se sirve Dios, para educar a vuestros hijos en la vida de piedad. […] Yo mismo repito todavía las oraciones breves que aprendí de mis padres.”

5. Sembrar una huella que perdura

Enseñar a rezar no significa imponer ni controlar, sino acompañar y abrirles la puerta a una relación cercana con Dios. Cada gesto, cada oración compartida y cada enseñanza deja una huella en su corazón, aunque ellos vayan descubriendo su propio camino a su ritmo.

En palabras de Santa Teresa de Calcuta:

Enseñarás a volar,

pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,

pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,

pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…

en cada vuelo,

en cada vida,

en cada sueño,

perdurará siempre la huella

del camino enseñado.

👶 Tips para enseñar a rezar de 0 a 3 años

En esta etapa, lo que más ayuda a los niños son los gestos y rutinas sencillas, porque aprenden viendo y repitiendo.

  • Reza con el ejemplo
    Si te ven hacer la señal de la cruz, dar gracias antes de comer o rezar al acostarse, lo imitarán de manera natural.
  • Usa gestos sencillos y visibles
    Juntar las manos, hacer la señal de la cruz, dar un beso a la Virgen o lanzar un beso a Jesús en el Sagrario son formas concretas y tiernas de oración.
  • Oraciones cortas y fáciles
    Frases como “Jesús, te quiero”, “Gracias, Señor” o “Ángel de la guarda, cuídame” son perfectas para despertar la fe en ellos.
  • Aprovecha momentos cotidianos
    Al levantarse, antes de dormir, al sentarse a la mesa… son oportunidades para mostrar que rezar forma parte del día a día.
  • Canta y reza con alegría
    Las canciones sencillas con gestos hacen la oración divertida, cercana y memorable.
  • Transmite confianza en Dios
    Más que entender, los niños sienten. Lo esencial es que perciban que Dios los ama y siempre los cuida.

✨ En resumen

Enseñar a rezar a los hijos desde pequeños es sembrar la semilla de la fe en su corazón. No hacen falta grandes discursos: basta con gestos de cariño, rutinas sencillas y el testimonio de unos padres que rezan con naturalidad. Así descubrirán que rezar es hablar con un Dios cercano, que los quiere y los acompaña en todo momento.

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24 de septiembre de 2025

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El inicio en la escuela infantil es un momento muy especial: para muchos niños es el primer gran paso fuera del entorno familiar. En Brightkids Arenales sabemos que esta transición despierta ilusión, pero también dudas e inseguridades. Por eso compartimos algunas recomendaciones sencillas para que tu hijo se adapte de manera gradual y positiva a esta nueva etapa.

1. Crear rutinas estables en casa

Los niños pequeños necesitan seguridad, y las rutinas se la aportan. Intenta que los horarios de comida, sueño y juego se parezcan a los que tendrá en la escuela infantil. Así, la adaptación será más suave y el niño sentirá que todo “encaja”.

2. Hablar con palabras sencillas

Aunque tu hijo aún sea muy pequeño, entiende más de lo que parece. Cuéntale con frases cortas lo que va a pasar: “Vas a ir al cole de mayores”, “Allí jugarás con otros niños”, “Mamá y papá vuelven después”. Estas explicaciones transmiten calma y confianza.

3. Practicar la separación poco a poco

Si no está acostumbrado a quedarse con otras personas, prueba a dejarlo ratitos cortos con algún familiar o persona de confianza. De esta forma aprende que aunque tú te vayas, siempre vuelves. Esa seguridad emocional es clave para la escuela infantil.

4. Objetos de apego

Un peluche, un chupete o una mantita pueden convertirse en un gran aliado durante los primeros días. Estos objetos familiares funcionan como “puente” entre casa y escuela, y ayudan al niño a sentirse acompañado y tranquilo.

5. Fomentar la autonomía desde lo cotidiano

Aunque son pequeños, ya pueden empezar a practicar pequeños logros: beber en vaso, guardar un juguete, intentar comer solitos. Cada avance les da seguridad y les prepara para integrarse mejor en la dinámica del aula.

6. Confiar y transmitir serenidad

Los niños perciben las emociones de sus padres. Si ven en ti calma y confianza, ellos también se sentirán seguros. Despídete con una sonrisa, un beso y palabras cariñosas, sin alargar demasiado el momento de la separación.

7. Comunicación con la escuela

Las educadoras de las escuelas infantiles de la Red Arenales están para acompañaros en este proceso. Comparte con ellas la información importante: rutinas de sueño, alimentación, gustos o miedos de tu hijo. Juntos, familia y escuela, se crea un ambiente de confianza que favorece la adaptación.

En resumen

La llegada a la escuela infantil es el inicio de una etapa llena de descubrimientos. Preparar poco a poco al niño, acompañar sus emociones y confiar en el equipo educativo son las claves para que la adaptación sea positiva.

En la Red Arenales trabajamos para que cada niño se sienta cuidado, seguro y feliz desde el primer día, y para que las familias vivan con ilusión este gran comienzo.

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27 de marzo de 2025

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Las emociones son una parte fundamental del ser humano, desde el nacimiento hasta la edad adulta. En los primeros años de vida, los niños comienzan a desarrollar su mundo emocional, experimentando y aprendiendo a identificar, expresar y regular sus sentimientos. En este proceso, las familias juegan un papel crucial en el acompañamiento y en la enseñanza de la autorregulación emocional. Pero, ¿qué son las emociones, cómo se desarrollan y cómo pueden los padres y cuidadores ayudar a los más pequeños a comprenderlas mejor?

 

¿Qué son las emociones?

Las emociones son reacciones naturales que ocurren en nuestro cuerpo y mente como respuesta a diferentes estímulos internos o externos. Son experiencias que nos permiten conectar con el mundo y con los demás, influyendo en nuestra manera de pensar, actuar y sentir. Las emociones básicas, como la alegría, la tristeza, el miedo, la rabia y el asco, se encuentran presentes desde muy temprano en la infancia, y su expresión varía según la edad y el contexto cultural.

 

¿Cómo se desarrollan las emociones a lo largo de la infancia?

Desde el nacimiento, los bebés comienzan a experimentar emociones a través de sus necesidades básicas. En sus primeros meses de vida, las emociones se manifiestan de manera simple y primitiva, a través de gestos, llantos y sonrisas. Los bebés lloran cuando tienen hambre o miedo, y sonríen cuando sienten placer o seguridad. A medida que crecen, su capacidad para experimentar emociones se vuelve más compleja.

Entre los 2 y 3 años es cuando comienzan a identificar y nombrar sus emociones básicas, lo que les ayuda a empezar a comprender mejor lo que sienten. A esta edad, algunos niños son más conscientes de sus estados emocionales y los expresan de manera más clara, pero hay otros a los que todavía les resulta muy complicado. En este punto, el lenguaje tiene un papel fundamental. Cuando un niño tiene un correcto desarrollo del lenguaje suele presentar más facilidad para nombrar lo que le pasa, le incomoda, le gusta, le ha molestado… Y en esos momentos, con el acompañamiento afectuoso y confiado del adulto de referencia, los niños van siendo capaces poco a poco de identificar y nombrar las sensaciones físicas que experimentan cuando sienten las emociones básicas: calor y tensión cuando me enfado, temblor de manos cuando tengo miedo, ganas de reírme cuando estoy contento, etc.

A medida que avanzan en su desarrollo, entre los 4 y 6 años, aprenden a reconocer las emociones en los demás y empiezan a desarrollar la empatía. Aquí, las interacciones sociales juegan un papel esencial, pues el niño comienza a entender que otras personas también tienen emociones.

 

En la etapa de los 7 a 12 años, los niños ya tienen una mayor capacidad para regular sus emociones, aunque aún necesitan apoyo para gestionar la frustración y el estrés. El autoconocimiento emocional se sigue desarrollando y van descubriendo otras emociones complejas como pueden ser la envidia, la nostalgia, la vergüenza, que a veces les pueden generar confusión o desconcierto. En este momento los niños pueden comprender perfectamente que no hay emociones positivas o negativas, sino más bien agradables (o placenteras) y desagradables (que nos producen sensaciones físicas de malestar). Pero todas las emociones son necesarias y funcionales: están aquí para decirnos algo y todas ellas forman parte de la experiencia humana.

 

La autorregulación emocional: ¿Qué es y cómo se desarrolla?

La autorregulación emocional es la habilidad de manejar nuestras emociones de manera saludable y adaptativa. En los niños, este proceso es gradual y está estrechamente ligado a su desarrollo cognitivo y social. Los pequeños no nacen con la capacidad de autorregularse, sino que aprenden a hacerlo a través de las interacciones con sus padres y otras figuras de referencia, como educadores y familiares cercanos.

El proceso de autorregulación comienza con la capacidad de identificar las emociones (¿qué siento?) y luego de gestionar esa emoción de manera adecuada (¿cómo puedo manejarlo?). Esta habilidad se desarrolla a medida que los niños aprenden a nombrar sus emociones, a practicar estrategias de afrontamiento, como la respiración profunda o pedir ayuda cuando lo necesitan, y a comprender las consecuencias de sus acciones emocionales.

 

¿Cómo pueden las familias acompañar el desarrollo emocional de sus hijos?

Llegados a este punto, la idea principal que me gustaría remarcar es que las emociones no se enseñan: las emociones se acompañan.

Un adulto no enseña a un niño qué es la ira, la alegría o la vergüenza. Los niños, simplemente, las sienten. Los cuentos y materiales didácticos sobre emociones son un complemento fabuloso en el que nos podemos apoyar para hablar con nuestros hijos o alumnos sobre el nombre de la emoción y las sensaciones físicas que lleva unidas, pero nuestro hijo va a sentir esa emoción independientemente de que le hayamos leído el “Monstruo de colores” o hayamos visto la película “Del revés”. Las emociones no se aprenden. Simplemente, se experimentan. Por tanto, nuestro papel como adultos de referencia será acompañar esa emoción de manera cariñosa y comprensiva, estableciendo los límites necesarios de seguridad, y a su vez, quienes ejercemos de modelos de autorregulación emocional. Lo que sí se enseña y se puede aprender es la autorregulación: qué estrategias podemos emplear para regular nuestras emociones y que no tomen el control de nuestra conducta.

En este sentido, las familias desempeñan un papel esencial en la educación emocional de sus hijos. A través de su propio comportamiento y las interacciones cotidianas, pueden influir significativamente en la forma en que los niños aprenden a gestionar sus emociones.

 

  1. Ser modelos emocionales: Los niños aprenden observando. Si los padres demuestran cómo manejar sus propias emociones de forma calmada y reflexiva, sus hijos aprenderán a hacer lo mismo. Por ejemplo, si un adulto se siente frustrado, puede verbalizar sus sentimientos diciendo: “Estoy molesto porque esto no salió como quería. Voy a respirar un poco y tratar de solucionarlo”. Este tipo de modelos proporciona un ejemplo activo y práctico de cómo manejar la frustración.
  2. Fomentar la expresión emocional: Es fundamental que los padres enseñen a sus hijos a identificar y expresar sus emociones de manera adecuada. Esto incluye hablar sobre los sentimientos, ponerles nombre y comprender que todas las emociones, tanto las agradables como las desagradables, son naturales y válidas. En lugar de rechazar o minimizar las emociones de los niños, es importante validar lo que sienten: “Veo que estás enfadado, es normal sentirse así a veces. ¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor?”
  3. Enseñar estrategias de regulación emocional: Las familias pueden enseñar a los niños diferentes estrategias para regular sus emociones, como la respiración profunda, contar hasta diez, hacer una pausa, usar palabras para expresar sus emociones o practicar actividades relajantes como escuchar música o dibujar. Es importante que estas estrategias sean parte del día a día, integrándolas en situaciones cotidianas.
  4. Crear un ambiente seguro y respetuoso: Un hogar donde los niños se sienten seguros emocionalmente es esencial para el desarrollo de su autorregulación emocional. Los niños deben saber que sus emociones son aceptadas y comprendidas, pero también que se espera que aprendan a gestionarlas de manera respetuosa hacia los demás. Un entorno donde se practique el respeto mutuo y se escuchen las necesidades emocionales de cada miembro de la familia ayudará al niño a sentir que sus emociones son tomadas en cuenta y que tienen la capacidad de manejar sus propios sentimientos.
  5. Refuerzo positivo: Cuando los niños logran manejar sus emociones de manera efectiva, es importante reconocer sus esfuerzos y reforzar esas conductas. Esto puede hacerse mediante cumplidos sinceros, como: “He visto que cuando estabas muy enfadado, has encontrado la manera de no hacer daño a los demás y conseguir tranquilizarte para resolver el problema hablando. Sé que esto te cuesta mucho y lo has conseguido. ¿Cómo te sientes?”. El aliento y acompañamiento positivo fortalece la autoestima emocional del niño y fomenta la repetición de conductas saludables.

 

Conclusión

A medida que los niños crecen, aprenden a comprender y gestionar sus emociones, pero necesitan la guía de sus padres y cuidadores para desarrollar habilidades de autorregulación emocional. A través de la observación y el acompañamiento afectivo, las familias pueden convertirse en modelos activos y ejemplos de cómo manejar las emociones de manera saludable. Este proceso es fundamental para que los niños se conviertan en adultos emocionalmente equilibrados, capaces de manejar sus sentimientos y relaciones de manera positiva.

Al fomentar el autoconocimiento emocional, el apoyo en momentos de frustración y el uso de estrategias adecuadas de regulación, las familias juegan un papel crucial en el desarrollo emocional y social de los niños, contribuyendo a su bienestar general.

Bibliografía recomendada para los padres:

– “El cerebro del niño”, Daniel J. Siegel.

– “Disciplina sin lágrimas”, Daniel J. Siegel.

– “Navega hacia tu bienestar”, Bibiana Infante Cano.

– “Desaprender para aprender”, Lucía Pérez Forriol.

– “Rabietas”, de Miriam Tirado.

 

Cuentos para trabajar las emociones con los niños:

Para niños de 2 a 4 años

– “Tengo un volcán”, de Miriam Tirado.

– “Emociónate con Nubi”, de Miriam, Nuria y Cristina Martínez.

– “El Monstruo de colores”, de Anna Llenas.

– Toda la colección “Cuando estoy enfadado” “Cuando estoy triste” “Cuando estoy contento”… etc., de Trace Moroney.

 

Para niños de 5 años en adelante

– “De mayor quiero ser feliz I y II”, Anna Moratto.

– “Emocionario: dime lo que sientes”, de Cristina Núñez Pereira y Rafael R. Valcárcel.

 

Autora:  Ester Cerezo. Colegio María Teresa. Maestra de Educación Infantil y Psicopedagoga. Experto en Disciplina Positiva en al Aula, en la Familia y en Primera Infancia.

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6 de marzo de 2025

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El sueño es fundamental para el desarrollo de los niños pequeños. Dormir bien contribuye a su crecimiento físico, al desarrollo de su cerebro y a la consolidación de la memoria. Además, fortalece su sistema inmunológico y regula su estado de ánimo, ayudándolos a estar más atentos, tranquilos y
receptivos durante el día. Un buen descanso también mejora su capacidad de aprendizaje y reduce la irritabilidad y estrés. Sin embargo, establecer un buen hábito de sueño puede ser un desafío.
A continuación, te damos algunas pautas concretas para ayudar a tu pequeño a dormir mejor.
1. Establecer una rutina nocturna
Los niños necesitan rutina y previsibilidad. Crea una secuencia de actividades antes de dormir, como un baño relajante, un cuento y un abrazo. Esto les ayudará a asociar estas acciones con la hora de dormir.
2. Fijar un horario regular
Es importante que tu hijo se acueste a la misma hora todos los días. Esto regula su reloj biológico y facilita el sueño.
3. Crear un ambiente apropiado
La habitación debe ser cómoda, oscura y con una temperatura agradable. Evita ruidos y luces fuertes. Un peluche o una luz tenue pueden ayudar a los niños que sienten miedo a la oscuridad.
4. Evitar pantallas antes de dormir
Las pantallas de televisores, tabletas y teléfonos emiten luz azul, que altera la producción de melatonina, la hormona del sueño. Es recomendable apagar dispositivos al menos una hora antes de acostarse.
5. Reducir el consumo de azúcares
Alimentos y bebidas con azúcar (como el chocolate) pueden alterar el sueño de los niños. Lo ideal es ofrecer cenas ligeras y evitar estos productos en la tarde-noche.
6. Fomentar la actividad física
El ejercicio durante el día ayuda a los niños a gastar energía y dormir mejor por la noche. Sin embargo, evita juegos muy activos justo antes de dormir, ya que pueden excitarlos demasiado.

7. Ser paciente y consistente
Cada niño tiene su propio ritmo. Si al principio cuesta trabajo establecer la rutina, mantén la calma y sé constante. Con el tiempo, el pequeño se acostumbrará y dormirá mejor.
Ayudar a tu hijo a desarrollar un buen hábito de sueño es un regalo para su bienestar. Con una rutina establecida, un ambiente propicio y buenos hábitos diarios, tu pequeño podrá descansar mejor y afrontar cada día con energía y
alegría. ¡Dulces sueños!

Beatriz González. Colegio Santa Mónica

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16 de febrero de 2025

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Hoy en día, con la escolarización temprana de los niños, y nuestros horarios laborales, la gran mayoría de nosotros no comemos en casa. Los comedores escolares se han convertido en nuestros grandes aliados para conciliar vida laboral y familiar. Eso nos lleva a que se esté  perdiendo algo que antes era mucho más habitual: comer en familia.

Beneficios emocionales y educativos de comer juntos

Desayunar, comer o cenar todos juntos, supone un momento de unión (a veces también de discusiones), de poder compartir información, de organización del día con todas las tareas y eventos familiares que tengamos a la vista, etc.

Pero más allá de eso, comer o cenar  en familia es un eficaz medio para el diálogo, la conversación familiar y la educación de nuestros hijos.

Respetar ese momento, compartir  toda la familia un tiempo  y que ellos sean partícipes aunque sean pequeños conlleva más aspectos positivos que el hecho de no hacerlo. 

Muchos estudios llegan a la conclusión de que en  las familias que comen o cenan juntos la relación es mucho mejor, aumenta la calidad del estudio entre adolescentes, y disminuye el riesgo de consumir drogas, alcohol y el uso sin control de pantallas.

Para ello, lógicamente seremos los adultos los que nos adaptemos al principio a los horarios infantiles. Cenar pronto  para que los más peques puedan sentarse alrededor de la mesa y contarnos lo que hemos hecho durante el día es algo que ellos irán interiorizando como una rutina más de su vida. 

Fomentar ese diálogo, la buena relación entre unos y otros, que ellos se sientan protagonistas y parte importante del núcleo familiar son varios de los aspectos positivos de poder sentarnos todos juntos alrededor de la mesa.

Será un momento en el que ellos también tendrán su tiempo para contar y compartir sus historias, tan importantes para ellos. Qué tal ha ido nuestro día, y el suyo en el colegio. animarles a contarnos sus problemas, haciéndoles partícipes también de lo que hemos hecho mamá o papá a lo largo del día. Si nos acostumbramos y les acostumbramos a ello desde pequeños, será mucho más fácil que según vayan creciendo nos sigan contando sus vivencias, problemas, preocupaciones, etc

Normas y hábitos para crear un ambiente familiar saludable

Pero este momento también será un tiempo para introducir normas familiares (que en cada casa serán distintos):

  • No introducir dispositivos en las comidas. Esto, lógicamente será válido para mayores y pequeños. No podremos decirles que no pueden cenar con el móvil si nosotros estamos con él en la mesa.
  • No comer con la televisión encendida.
  • Respetar los tiempos de conversación. Esto suele resultar un problema con niños pequeños.
  • No levantarnos de la mesa hasta que  hayamos terminado todos. Cuando hay varios hermanos es muy típico que si uno ha terminado se quiera ir, lo que conllevará a que otros quieran hacerlo, hayan terminado o no de cenar. 
  • Ayudar a poner la mesa o retirar los platos al finalizar, colaborar en la recogida, etc. Esas pequeñas tareas del hogar en las que ellos pueden ser partícipes.
  • Potenciar también la higiene personal: nos lavamos las manos antes de sentarnos a la mesa, o los dientes cuando terminemos.

Esta magia de sentarse alrededor de una mesa, que con la vorágine de nuestro día a día se está perdiendo, es una forma maravillosa de unir lazos, de hacer planes familiares, de contar y revelar nuestras inquietudes, ilusiones y quizás algún secreto. Tiempo mágico para introducir valores y crear lazos familiares que les ayudarán cuando sean mayores. Esos momentos que recordarán y les acompañarán el resto de su vida.

Lucía Jorquera. Colegio Nclic

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12 de febrero de 2025

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Como padres y profesores, nuestra meta en la educación de los hijos y nuestros alumnos  es conseguir que sean felices. Transmitirle a cada uno que tienen un gran valor y ayudarles a que construyan una percepción de sí mismos sana y positiva. Para ello debemos proporcionarles un entorno lleno de confianza, respeto, afirmación y amor. 

Los niños deben saber que, sin importar lo que hagan, siempre serán amados y valiosos. Este tipo de amor incondicional crea un ambiente seguro en el que los niños pueden crecer, aprender y explorar sin miedo al rechazo.

Un proceso que dura toda la vida

La autoestima se va formando a lo largo de la vida. Este proceso no es inmediato ni automático; requiere tiempo, paciencia y un enfoque constante que se adapte a las distintas etapas del desarrollo del niño. Los adultos debemos ser modelos para los más pequeños, para que estos puedan aprender de las experiencias que les aportamos. 

En la primera infancia, el lenguaje del amor que ellos reciben son abrazos y caricias que les damos, atendiendo a sus necesidades básicas y haciéndoles ver qué nos tienen para lo que necesiten. 

A medida que van creciendo, nuestro afecto, nuestras palabras afirmativas y la validación emocional serán necesarias para alcanzar este proceso. Irán desarrollando su autoconcepto, identificando sus fortalezas y sus debilidades y aceptándose tal y como son. Durante la infancia, deberemos enseñarles los límites y normas para vivir en sociedad, aportándoles seguridad en sus respuestas, fomentaremos su autonomía y les inculcaremos el valor del esfuerzo y la perseverancia, siempre escuchándoles y mostrándoles que les queremos por lo que son, no por lo que hacen. 

En la etapa adolescente, etapa crítica para la formación de la autoestima, ya que los adolescentes son más conscientes de sí mismos, pasan por muchas transformaciones físicas, emocionales y sociales y empiezan a compararse con otros. Los adultos debemos tener más paciencia con ellos, escucharles mucho demostrándoles que nos importan, valorar los esfuerzos que hagan y no solo los resultados, ayudarles a entender que equivocarse es parte del proceso de crecimiento y que no deben castigarse por sus fallos sino aprender de ellos y ser resilientes. Es positivo permitirles tomar decisiones y asumir responsabilidades, ayudarles a identificar y valorar sus talentos y cualidades positivas, a que lleven un estilo de vida y relaciones sociales saludables y a mostrarles todo lo que les queremos. 

La importancia del entorno y las experiencias en la formación de una autoestima saludable

La autoestima sana, una de las píldoras de la felicidad, se forma de las experiencias que vivimos, los hechos, las acciones, las decisiones, aciertos, las respuestas de los demás ante lo que dijimos, hicimos y transmitimos, los pensamientos que albergamos, los sentimientos, las emociones que sentimos y las sensaciones que percibimos. 

Por lo tanto, los adultos tenemos un papel fundamental en la enseñanza de nuestros hijos y la clave está en proporcionarles un entorno en el que se sientan aceptados, valorados y capaces de enfrentar desafíos. 

Paloma Castellanos. Colegio María Teresa

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13 de diciembre de 2024

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Que nuestros hijos tengan una buena relación entre ellos  o se lleven como el perro y el gato, depende en gran medida de lo que nosotros fomentemos.  Esa relación es un pequeño árbol que tenemos que regar, podar y cuidar para que crezca sano y fuerte.

Antes de nada, hemos de asumir que cierta rivalidad entre ellos es absolutamente normal. Peleas y discusiones serán habituales en casa y  no hay que alarmarse ni preocuparse. Pero sí podemos fomentar una buena sintonía para que la buena relación fluya y seamos todos parte de un mismo equipo.

Compartimos algunos tips para gestionar y mejorar la relación entre hermanos: 

  1. Ser consciente de que cada uno de nuestros hijos es diferente, con distinta forma de ser. Les queremos a todos por igual, pero de distintas formas. 
  2. Evitar tratarlos por igual. A veces hay una pequeña obsesión en el trato igualitario. Si son distintos entonces cada uno tendrá unas necesidades distintas en uno u otro momento. Les tendremos que dar lo que necesita cada uno, y eso no tiene por qué ser necesariamente lo mismo. 
  3. Debemos tratar de evitar esas comparaciones. Son distintos y por ende, no debemos caer en la tentación de “hacerles iguales”. Uno será más hábil, otro más responsable o más cariñoso, y  eso no les hace mejores o peores. 
  4. Una de las claves es conocer bien a cada hijo y reconocer las cualidades y el potencial que tiene cada uno. 
  5. Exigir a cada uno lo que podemos exigir. No sólo por las distintas maneras de ser sino también por la edad. No podemos pedir lo mismo a un hijo de 10 años que a uno de 7. Es un equilibrio difícil de conseguir, porque aquí entran también las pequeñas envidias y celos, pero según vayan creciendo ellos irán entendiendo este matiz. Cuando son pequeños es muy complicado entenderlo. 
  6. Otra rama de este árbol de la relación entre hermanos es el respeto. Algo que muchas veces en casa vemos que no se cumple. Niños que fuera de casa (en el colegio, en el entorno social) son muy respetuosos con los demás, pero no lo son con sus hermanos. Han de respetar sus gustos, sus manías, su habilidades y debilidades, sus sentimientos…. Muchos de los pequeños conflictos que vemos en casa vienen por una falta de respeto a la propiedad. “Me ha quitado esto”, “No quiero que entre en mi cuarto”, etc. Y ese respeto, ha de ir también en línea ascendente/ descendente. Si nosotros como adultos no les respetamos, será complicado que lo hagan entre ellos.
  7. Es positivo darles momentos de exclusividad,  sobre todo cuando son pequeños.  Que cada uno de ellos tenga algún momento suyo, en el que él sea el protagonista o en el que nos tengan un ratito sólo para ellos. Es bueno que se echen de menos a veces, que tengan cosas que contarse. Al igual que en una relación de pareja cada uno ha de tener su pequeña parcela, los hermanos también han de tenerla. No pueden estar 24hrs al día juntos.  
  8. Sentir que la familia es un equipo, y ellos han de ser parte de él, sentirse uno más. En un equipo todos son importantes, todos tienen su función. Si tenemos objetivos comunes es más fácil que la relación sea buena. Si cada uno rema en una dirección el barco no avanzará. Buscar momentos en los que toda la familia hagan actividades juntos. Nuestro dia a dia y  la dificultad de conciliar trabajo y familia nos absorbe tanto que no nos damos cuenta de que cada vez pasamos menos tiempo en familia. Hay que buscar tiempos en los que todos disfrutemos de momentos de calidad.

 

A pesar de todo, habrá conflictos, momentos de discusión, y ellos tendrán que aprender a gestionarlos. No podemos estar mediando siempre entre ellos. Nuestra tarea será ir dándoles herramientas para que, según vayan creciendo, puedan hacerlo ellos mismos. Y nosotros siempre estaremos allí si nos necesitan. 

Tener hermanos es una inmensa suerte. Un compañero de juegos, de confidencias, muchas veces el guardián de nuestros secretos, nuestro cómplice. 

Ese vínculo entre ellos es uno de los más importantes que van a tener en su vida y hay que cuidarlo y regarlo cada día para que crezca sano y fuerte.

Autor: Lucía Jorquera (Colegio Nclic)

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13 de noviembre de 2024

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Para ello es fundamental crear un apego seguro en nuestros bebés, es decir, un vínculo emocional seguro y  sano. Una relación con nosotros basada en la confianza y el afecto que les irá proporcionando,  según vayan creciendo,  una buena autoestima y las herramientas necesarias para ir poco a poco enfrentándose a la vida.

¿Cómo podemos construir un apego seguro?

Para comenzar, tenemos que aceptar a nuestros hijos e hijas tal y como son. Respetar lo que sienten y cómo lo sienten. Solo así podremos ayudarles a gestionar los problemas. No podemos pretender que un niño se acepte a sí mismo (o a los demás) si nosotros no les proyectamos eso mismo. Eso no significa que: “como estoy furioso, puedo agredir al de al lado, o romper un objeto”. Habrá que ir enseñándoles precisamente a eso, a gestionar esas emociones, entendiéndolas y encaminándoles a saber expresarlas y controlarlas.

Si desde pequeños estamos a su lado, mostrándoles nuestra empatía, nuestro cariño y nuestro apoyo, ellos sentirán seguridad, serán capaces de mostrar lo que sienten, de expresar cómo se sienten de manera adecuada y aprenderán a gestionarse. Ellos sabrán que nosotros siempre estaremos a su lado si nos necesitan, y así mismo se sentirán con la seguridad y confianza en nosotros para pedirnos esa ayuda, sin miedo al rechazo, sin miedo a sentirse incomprendidos. Esto está muy unido a la exploración de su entorno (físico y social). Si no les damos confianza y seguridad en sí mismos, no serán capaces de soltar nuestra mano para explorar, para relacionarse con otros. 

Tenemos que estar ahí para atenderles, ayudarles a calmarse (cuando son pequeños no saben hacerlo solos). ¿Por qué un bebé que está llorando,  cuando su madre le coge se calma? Por ese vínculo, esa tranquilidad y seguridad que siente con ella. Quizás no sepamos qué le pasa o cómo le podemos ayudar, pero ese simple abrazo ya es un mundo para ese bebé.

Cuando son un poquito más mayores (2-3 años) muchas veces no saben lo que les pasa, o no son capaces de verbalizarlo. Se sienten desbordados (y nosotros como adultos también) pero un abrazo, sentarnos  a su lado y hacerles ver que estamos con ellos les tranquiliza, se van relajando y a partir de ahí es cuando podemos empezar gestionar el problema. Siempre desde la calma.

No solo el contacto físico es importante, sino el contacto visual, la escucha activa. Sentirnos escuchados, ver como papá o mamá le están mirando, observando y escuchando les hace sentir que realmente nos importa lo que les está pasando. A nadie nos gusta estar hablando a otra persona y que no nos mire a la cara, o parezca que no nos está escuchando porque a la vez está haciendo otra cosa. Démosles la importancia que se merecen. No podemos atenderles si a la vez estamos contestando a un mail o poniendo la cena. No cuesta nada dejar un momento lo que estemos haciendo y dedicarles la atención que merecen. 

Otra parcela importante del apego seguro es darles la confianza en sí mismos necesaria para que vayan afrontando solos sus pequeñas inseguridades, vayan enfrentándose a su pequeños-grandes retos. Ellos son capaces, pero muchas veces nuestros propios miedos no nos permiten dejarles “volar”. Tienen que aprender a saltar, caerse y levantarse. Y ahí estaremos nosotros si nos necesitan, pero muchas veces nos adelantamos a esa caída por evitar que sufran, sin darnos cuenta de que no les estamos haciendo ningún favor siendo su colchón permanente. Caemos en la sobreprotección.

Crear un apego seguro desde el nacimiento nos dará un niño con buena autoestima, confianza en sí mismo, y con las herramientas necesarias para poco a poco enfrentarse al mundo. 

Autor: Lucía Jorquera (Colegio Nclic)

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4 de noviembre de 2024

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Cada año, cada curso y cada clase son diferentes, y como buen maestro es esencial adaptarse a las cualidades y necesidades de cada alumno. No siempre funciona lo mismo para todos, por lo que es necesario contar con una variedad de recursos disponibles para que el aprendizaje pueda llegar a cada uno.

¿La mejor metodología? En primer lugar, siempre será aquella que se hace desde el corazón, con cariño. Todo lo que se hace con amor tiende a dar buenos resultados. Ahora bien, después de esto, ¿Qué podemos hacer en el aula para conectar con nuestros alumnos?

Si combinamos distintos métodos, podemos contar con una amplia gama de posibilidades. A través del juego, podremos motivar a cada alumno, despertando su interés y ganas de aprender.

De María Montessori, podemos aprender el valor del orden, la concentración, el cuidado del material y la relación con la vida cotidiana.

 

 

También podemos incorporar el cubo de aprendizaje, inspirado en Reggio Emilia. Este método estimula todos los sentidos y potencia tanto la capacidad emocional como intelectual de cada alumno. Usamos una gran variedad de materiales que podemos adaptar según la temática y las fechas del calendario. En este caso, hicimos una propuesta otoñal, basada principalmente en el color amarillo, en una clase de 1 a 2 años.

El cubo de experiencias es un juego libre que permite a cada niño explorar a su propio ritmo los elementos a su alrededor, desarrollando su imaginación y su deseo de descubrir y aprender.

 

 

¿Qué más actividades podemos incluir en el día a día? ¡La tuff tray! Curiosamente, su origen está en el Reino Unido como una bandeja grande y resistente pensada para mezclar cemento en obras de construcción, pero pronto se volvió popular en la educación infantil. Ofrece una gran variedad de usos: actividades sensoriales, juegos de agua, propuestas temáticas, y mucho más. Su tamaño permite que varios niños jueguen juntos, explorando los diferentes materiales de forma creativa.

 

 

Y para finalizar… ¿Qué opinamos de las fichas? No son tan malas si se usan ocasionalmente. Permiten reforzar el contenido trabajado y centrar la atención en un espacio reducido durante unos momentos, ayudando a los niños a concentrarse desde edades tempranas. Son muchos sus beneficios ya que nos ayudan a desarrollar habilidades motrices finas, como el trazo y la coordinación mano-ojo. 

Desde la etapa de infantil es importante entender que no existe una única metodología válida en la enseñanza; en realidad, cada enfoque tiene sus propias ventajas. 

Al integrar en el aula diversas estrategias y técnicas, podemos ofrecer una experiencia de aprendizaje más rica y variada. Esto no solo es enriquecedor para el desarrollo de los niños, sino que también les permite explorar diferentes formas de aprender y crecer. Al valorar y aplicar metodologías variadas, estamos construyendo una base sólida para un futuro lleno de posibilidades.

En resumen, si combinamos un poco de cada método, podemos formar grandes personas con grandes futuros, los días serán mucho más amenos y más divertidos, ¡A por ello!

Autor: María Jesús Olmo  (Colegio Alborada)